Dentro de la teología encontramos un sinnúmero de habitaciones, cada una de ellas amoblada de forma distinta pero todas me llevan al mismo objetivo. En la Teología el objetivo último es de carácter ontologico.
La teología haciendo parte del conocimiento (gnoseología) requiere a la filosofía, necesita de un sistema, un método que permite satisfacer dos puntos que Tillich denomina: “la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y la interpretación de esta verdad para cada nueva generación” (1). Tillich hace poca profundización del problema de el fundamentalismo, tratando de explicar estos dos puntos a los que el se refiere. El problema básico de la teología, tratando de entender el mensaje cristiano, aún al fundamentalismo es que todo es un carácter ontológico del ser, por lo tanto debemos entender que cada ser piensa y actúa de formas distintas, condicionado por la cultura (su entorno). Por lo que esta verdad última es condicionada.
Hablando propiamente del fundamentalismo en América Latina, por ejemplo, encontramos que se da por una falta de preparación de pastores cristianos latinos, estos no poseen herramientas de interpretación, por lo tanto el mensaje el mensaje cristiano se deteriora, se desvía de su verdad original, cada uno “acomoda”, desde su propia verdad, desde su propia apreciación de la escritura. Esto ocasionará el que el mensaje pueda verse “fijo” sin poder acomodarse a los cambios de la sociedad, y esto llevará a que el mensaje carezca de profundidad, de esa realidad infalible, que la sociedad me restriega día a día. Cada época presenta sus problemas, y deben ser revisados, desde un mensaje que se pueda transportar en el tiempo y en el espacio, ya que cada época es influenciada por un momento filosófico particular, y desde esa perspectiva la verdad es condicionada. Esto me lleva a un problema mucho mayor, ¿Cuál es la verdad de la verdad? (2).
El otro problema de esta investigación sobre el fundamentalismo presentada por Tillich, es el hecho que el autor no nota que este movimiento posee raíces “tradicionales”. Es decir en América Latina muchos líderes enseñan que no es necesario estudiar teología, y ven a la filosofía como una amenaza, y escudriñando este enrollo, nos damos cuenta que esto pasa de generación de líderes a otra generación, y todos han partido del hecho de que todo lo inspira el Espíritu Santo.
Esta idea niega el principio de la obra de Dios en el hombre a través de su razón, que se alimenta día a día de la epistemología, principalmente de la filosofía , y es que el teólogo debe comprometerse consigo mismo y como ente buscador de la verdad, y en este campo surge un punto, crucial: su razón, de hecho el teólogo es alienado como diría Tillich, por su entorno y su razón lo lleva siempre a caminos equidistantes, lo obligara a evaluar todo su sistema teológico una y otra vez en busca de la verdad y es que pienso que el Teólogo es un filosofo, aunque muchos de los primeros lo rechazan, pero aunque filosofía y teología pueda enfocar su mirada en dos puntos distintos del espacio, verán siempre el mismo espacio.
Históricamente filósofos y teólogos, han entrado en discusiones, por su apreciación, por el lente en que se mira la realidad, la naturaleza, no voy a comentar tanto Tillich abundantemente nos presenta los puntos de divergencia (3). El hombre como ser, es único e históricamente encontramos conflictos, las ciencias entran en conflictos una a otra, todo es un problema del ser, de su unicidad, de cada criterio personal, cada hombre ve al cielo, y sólo ve una fracción de él, lo que ve no es el todo. Esto es lo verdaderamente atractivo para las ciencias.
La filosofía, y la teología, van de la mano, son necesarios entre sí, y eso lo detallamos en el famoso “logos”, es en este punto donde las líneas se unen. A pesar que los filósofos lo ven como la palabra, el verbo, la razón, el entendimiento, y los teólogos como aquel encarnado, en síntesis ambos llegan a la misma verdad, es acción.
La teología haciendo parte del conocimiento (gnoseología) requiere a la filosofía, necesita de un sistema, un método que permite satisfacer dos puntos que Tillich denomina: “la afirmación de la verdad del mensaje cristiano y la interpretación de esta verdad para cada nueva generación” (1). Tillich hace poca profundización del problema de el fundamentalismo, tratando de explicar estos dos puntos a los que el se refiere. El problema básico de la teología, tratando de entender el mensaje cristiano, aún al fundamentalismo es que todo es un carácter ontológico del ser, por lo tanto debemos entender que cada ser piensa y actúa de formas distintas, condicionado por la cultura (su entorno). Por lo que esta verdad última es condicionada.
Hablando propiamente del fundamentalismo en América Latina, por ejemplo, encontramos que se da por una falta de preparación de pastores cristianos latinos, estos no poseen herramientas de interpretación, por lo tanto el mensaje el mensaje cristiano se deteriora, se desvía de su verdad original, cada uno “acomoda”, desde su propia verdad, desde su propia apreciación de la escritura. Esto ocasionará el que el mensaje pueda verse “fijo” sin poder acomodarse a los cambios de la sociedad, y esto llevará a que el mensaje carezca de profundidad, de esa realidad infalible, que la sociedad me restriega día a día. Cada época presenta sus problemas, y deben ser revisados, desde un mensaje que se pueda transportar en el tiempo y en el espacio, ya que cada época es influenciada por un momento filosófico particular, y desde esa perspectiva la verdad es condicionada. Esto me lleva a un problema mucho mayor, ¿Cuál es la verdad de la verdad? (2).
El otro problema de esta investigación sobre el fundamentalismo presentada por Tillich, es el hecho que el autor no nota que este movimiento posee raíces “tradicionales”. Es decir en América Latina muchos líderes enseñan que no es necesario estudiar teología, y ven a la filosofía como una amenaza, y escudriñando este enrollo, nos damos cuenta que esto pasa de generación de líderes a otra generación, y todos han partido del hecho de que todo lo inspira el Espíritu Santo.
Esta idea niega el principio de la obra de Dios en el hombre a través de su razón, que se alimenta día a día de la epistemología, principalmente de la filosofía , y es que el teólogo debe comprometerse consigo mismo y como ente buscador de la verdad, y en este campo surge un punto, crucial: su razón, de hecho el teólogo es alienado como diría Tillich, por su entorno y su razón lo lleva siempre a caminos equidistantes, lo obligara a evaluar todo su sistema teológico una y otra vez en busca de la verdad y es que pienso que el Teólogo es un filosofo, aunque muchos de los primeros lo rechazan, pero aunque filosofía y teología pueda enfocar su mirada en dos puntos distintos del espacio, verán siempre el mismo espacio.
Históricamente filósofos y teólogos, han entrado en discusiones, por su apreciación, por el lente en que se mira la realidad, la naturaleza, no voy a comentar tanto Tillich abundantemente nos presenta los puntos de divergencia (3). El hombre como ser, es único e históricamente encontramos conflictos, las ciencias entran en conflictos una a otra, todo es un problema del ser, de su unicidad, de cada criterio personal, cada hombre ve al cielo, y sólo ve una fracción de él, lo que ve no es el todo. Esto es lo verdaderamente atractivo para las ciencias.
La filosofía, y la teología, van de la mano, son necesarios entre sí, y eso lo detallamos en el famoso “logos”, es en este punto donde las líneas se unen. A pesar que los filósofos lo ven como la palabra, el verbo, la razón, el entendimiento, y los teólogos como aquel encarnado, en síntesis ambos llegan a la misma verdad, es acción.
NOTAS.
1. Véase: Tillich, Paul, Teología Sistemática, Pág. 15.
2. Véase: Tillich, Paúl, Teología Sistemática, Pág. 16.
3. Véase: Tillich, Paúl, Teología Sistemática, Pág. 39,40,41,42
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