Hary Cantillo
Teólogo
En la tristeza del evento de la crucifixión,
martirio inhumano y terrible que el imperio romano desataba sobre sus enemigos,
aquellos que atentaban contra la pax romana se encuentra un reo, Jesús. Hombre
justo, de buen corazón, cuyos ideales les resulta peligrosos a los poderosos, a
aquellos que en contra de los designios de Dios utilizan sus influencias y
riquezas para aprovecharse de los débiles haciéndose cada vez más ricos y
explotadores.
Jesús vive la vida de los hombres, se da cuenta
de lo terrible que resulta la existencia para aquellos que no tienen voz, los
pobres, a los que piadosamente compartió de su mensaje liberador, de su mensaje
de paz y compromiso con la vida. Su predicación es más rural que urbana, llega
a compartir con aquellos que eran excluidos, lo que la sociedad consideraba
como pecadores o ciudadanos de segunda (enfermos, prostitutas, pobres). Jesús
levanta su voz profética en aras de construir una mejor sociedad, una donde se
restablezca el reino de Dios, un reino que puede vivirse aquí y ahora.
Jesús proclama su mensaje de amor, un mensaje
que impacta a las masas, siendo estas llenas del amor inmensurable de Dios; en su discurso todos somos importantes
para el Creador, donde el que quiera ser el mayor debe servir al menor,
invirtiendo de tal manera la pirámide de poder, aquella que convierte a los hombres en dioses, mostrando el pequeño faraón que habita en sus corazones.
El Maestro está en contra de aquellos que no permiten
que un gran sector de la sociedad tenga vida, una real, no condicionada, ni
estructurada bajos los preceptos de explotación y marginación y bajo el sofisma
de considerar que esta manera de vivir es la normalidad. Jesús desea que las
personas tengan vida y la tengan en abundancia (Juan 10.10b). Sin embargo, para
las estructuras de poder el mensaje de Jesús resulta nefasto para sus intereses,
no hace falta un Mesías que quiera desestabilizar el statu quo de unos dirigentes,
lacayos de Roma.
El
lamento de los pobres
En el relato Jesús aparece agonizando, clavado
en una cruz, sufriendo por su mensaje de inclusión y de justicia social, por
haberse atrevido a denunciar el sistema corrupto, por levantar su voz profética.
Después de varias horas clavado en la cruz recita las palabras que se encuentra
en el texto de Mateo “Elí, Elí ¿Lama sabactani? nos introducen al salmo 22, los
primeros cristianos releyeron el salmo a la luz del evento de la crucifixión,
considerándolo mesiánico y que en Jesús se estaba cumpliendo la profecía.
Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? las recita en arameo, que era el idioma del pueblo judío, de aquellos que vivían en Judea en el siglo I d.C. La frase es desgarradora, Jesús no guarda su tristeza, es un hombre muy sincero, siente que sus amigos lo han dejado solo, sus enemigos se sienten victoriosos. Han colgado al hombre cuyo discurso era tan coherente como cada uno de sus actos de amor y misericordia.
Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado? las recita en arameo, que era el idioma del pueblo judío, de aquellos que vivían en Judea en el siglo I d.C. La frase es desgarradora, Jesús no guarda su tristeza, es un hombre muy sincero, siente que sus amigos lo han dejado solo, sus enemigos se sienten victoriosos. Han colgado al hombre cuyo discurso era tan coherente como cada uno de sus actos de amor y misericordia.
El Maestro siente la muerte acercársele, sus enemigos
piensan que sus palabras en Arameo son una invocación a Elías, el profeta de
antaño que Dios se llevó en un torbellino y no vio muerte. Se burlan
grotescamente del Maestro, tal vez consideran que alucina con el personaje, están
ante un hombre sin fuerzas, todo un guiñapo humano. Curiosamente le dan de
probar un vino avinagrado al empapar una esponja (Mateo 27:48), según algunos
eruditos se le daba a los crucificados para activarlos, era una bebida
fuerte tomada por los soldados romanos que animaba a las personas (Pagola, 2007) . En pocas palabras,
su deseo era que siguiera sufriendo un poco más. Que tristeza cuando no hay
compasión en el corazón del ser humano; por el contrario, hay una sed de hacer
sufrir, un morbo por la destrucción del otro.
En la cruz el maestro se encuentra triste,
desolado, sintiendo las humillaciones más grandes para un judío, estar clavado
en un madero y estar desnudo frente a todos, costumbre imperial para cada uno de
los crucificados. Agoniza, ve con tristeza la ciudad santa, curiosamente llena
de corrupción por una élite sacerdotal que traicionó el pacto con Yahvé,
permitiendo todos los abusos de Roma contra sus propios hermanos judíos, todo
en aras de mantenerse en el poder.
Usualmente la frase del abandono aparente de
Dios se utiliza para mostrar, teológicamente, que Jesús asume los pecados del
mundo y en esa dimensión Dios le da la espalda porque Aborrece al pecado, en
este momento el cuerpo moribundo del Maestro se convierte en el cuerpo del
pecado de la humanidad, de allí el aparente abandono de Dios. Sin embargo, hay que resaltar otro aspecto
teológico, con esa frase el Maestro encarna en ese momento el sufrimiento de la
humanidad que en medio de los pecados estructurales que vive la sociedad y que destruye
los sueños de muchos, siente el dolor del pobre, del oprimido, que experimenta
ese mismo abandono, esa misma y extraña soledad que lo lleva a considerar que
no habrá justicia para él, que Dios lo ha abandonado.
Jesús, experimentando tanta crueldad clama a
Dios, curiosamente no lo hace llamándolo Abba, padre, costumbre muy del
Maestro, lo hace llamándolo Dios mío. Tal evento tiene un significado
teológico, Jesús exterioriza su tristeza, que es la misma que sienten millones
de marginados, como todo hombre en medio de las angustias existenciales siente a
Dios lejano. No es un reclamo grotesco, es filial, es la búsqueda ansiosa de la
luz en medio de las tinieblas, de la esperanza en medio de la desesperanza, es
el anhelo de que Dios actúe, que irrumpa.
Hoy se escucha ese mismo clamor de Jesús entre
los pobres por tanta injusticia, entre los defensores de los derechos humanos
que en nuestro país son vilmente asesinados por defender a su prójimo; es la
queja a Dios ante un sistema que esclaviza, que destruye vidas, que empobrece.
Jesús encarna en ese momento a los millares de hermanos
que sufren por la dureza de la vida, por la escasez de alimento, por la
inestabilidad del trabajo, viviendo vidas donde la dignidad se pierde en muchos
por un poco de pan. Trabajadores mal remunerados, experimentando un silencio
del hambre, prefieren la crueldad de sus jefes en aras de mantener ese empleo
que les da para subsistir, antes de denunciarlos. Campesinos huyendo de sus
tierras, sin saber a dónde ir, experimentando el abandono del estado. Jesús es
el reflejo de millones de pobres que experimentan la lejanía, el abandono, y un
deseo sobrehumano de que Dios haga algo.
La humanidad vive una extraña soledad en medio
de una sociedad tan numerosa, cada uno se afana por lo suyo y el prójimo no
interesa, no importa su dolor, su sufrimiento, la solidaridad se ha vuelto un
ideal en medio de una sociedad donde el abuso y el individualismo son el pan de
cada día.
La competencia por alcanzar los sueños de esta sociedad consumista deja a la humanidad en el rango de lo bestial, pues para alcanzar la deseada realización no importa si pisoteo al otro, si lo vuelvo añicos en aras de mi tan afanada prosperidad. Mi conducta es tan semejante a las fieras que devoran salvajemente a su presa.
La competencia por alcanzar los sueños de esta sociedad consumista deja a la humanidad en el rango de lo bestial, pues para alcanzar la deseada realización no importa si pisoteo al otro, si lo vuelvo añicos en aras de mi tan afanada prosperidad. Mi conducta es tan semejante a las fieras que devoran salvajemente a su presa.
Como seres humanos podemos llegar a reclamarle
a Dios por el declive social, como si no tuviéramos responsabilidad. Es
necesario entre nosotros buscar los responsables de ese deterioro humano, de
aquellos que marginan. Una cosa, Dios siempre estará cercano, realizando
milagros de amor y justicia en medio del desamor y la injusticia.
La humanidad está clavada en una cruz,
sufriendo lo indecible, burlada por los poderosos, quienes se reparten sus
ropas. Es necesario empezar a denunciar
los crímenes del sistema económico, que en medio de las circunstancias que
vivimos con el coronavirus prefiere salvaguardar las riquezas de los poderosos
antes que la vida de la mayoría de la humanidad, de esa manera pagar los
favores de aquellos empresarios que invirtieron en sus campañas políticas. Son
esos poderosos que en medio de esta
crisis siguen robando al pobre. Hay que denunciar la consecutiva adquisición injusta
de las riquezas por parte de aquellos dueños del mundo, de los titiriteros de
las diversas naciones que utilizan sus títeres para robar, así como El imperio
a través de Pilatos utilizaba a Caifás para abusar del pueblo judío.
Mientras que pensamos para actuar en pro del
mejoramiento de las condiciones de vida de esta sociedad sufriente, mientras que
nos decidimos a transformarla con la luz del evangelio seguiremos escuchando
entre los pobres que caminan este mundo siendo maltratados por la injusticia
humana: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Bibliografía
Borg, M., & Crossan, J. D. (2007). La última
semana de Jesús. El relato día a día de la semana final de Jesús en
Jerusalén. Madrid: PPC, Editorial y Distribuidora, SA.
Crossan, J. D. (1.994).
Jesús: Vida de un campesino Judío. Barcelona: Crítica.
Pagola, J. A. (2007). Jesús.
Aproximación histórica. Madrid: PPC, EDITORIAL Y DISTRIBUIDORA, S.A.



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