lunes, 30 de diciembre de 2013

JESÚS UN REGALO PARA TODOS Y TODAS.

Hary Cantillo P.
Teólogo

Diciembre es un mes especial en el año, recordamos el nacimiento de Jesús en nuestras celebraciones de Navidad y también celebramos el fin de año. Precisamente la navidad es un día especial en el que compartimos regalos, comemos de todo un poco, visitamos a familiares que se encuentran en la ciudad y fuera de ella. En pocas palabras es un mes diferente. Sin embargo, uno de los aspectos de este mes es la manera salvaje en la que el mercado mundial aprovecha la intención del compartir regalos. Encontramos a reventar las plazas de mercados, almacenes de cadena, centros comerciales, todos llenos; la gente preocupada por los regalos, que no alcanza el dinero, otros porque no saben que regalo darle a esa persona especial, otros pelean, luchan por el regalo prometido.  




En medio de la festividad navideña, se nos olvida muchas veces recordar a aquellos que no tienen nada,  a los pobres, a los que tienen hambre y sed de justicia, a los oprimidos. En medio del derroche comercial se nos pasa por alto que muchos de los que reciben y entregan regalos anhelan profundamente uno del cielo, una palabra de Dios. Cabe  reflexionar sobre el sentido del nacimiento de Jesús, porque no es una invitación a comprender su nacimiento sólo en un mes del año, sino todo el año, toda nuestra vida.

Al observar el pesebre encontramos una fusión del evangelio de Lucas y Mateo, hay que recordar que son los únicos dos evangelios que nos hablan del nacimiento de Jesús. En el pesebre hay dos grupos de personajes que tienen la bendición de ser llamados al pesebre para encontrar allí al niño Jesús. Estos personajes son los pastores y los magos de oriente. Ellos son el reflejo vivo de nuestra sociedad. 


Invitando a los excluidos, marginados y de mala reputación.
En el capítulo 2 de Lucas nos dice que hubo un censo ordenado por Augusto, emperador de Roma y que por esta razón José viaja con María embarazada a Belén. El evento a analizar ocurre desde el versículo 8 hasta el 20. Comúnmente, siempre hemos tenido una imagen pasiva, amorosa, casi divina del Pastor de Ovejas, hombre dedicado, trabajador, cumplidor de su deber. Los cristianos hemos tenido esa imagen, pues encontramos a varios pastores de renombre como David, Jacob, Moisés cuando vivía en el desierto después de escapar de Egipto. Lo curioso es que para la fecha del nacimiento de Jesús esa idea ya era contraria. Para la época muchos textos señalan que un pastor era un ser despreciable, de muy mala reputación (Brown, Fitzmyer, & E., 1971, pág. 319). Muchos consideraban que la razón era por la suciedad, por su vida solitaria y errante, esto les había acarreado la desconfianza de todos. Algunos rabinos señalaban que si no les fuésemos necesarios para el comercio nos matarían. Un adagio de la época decía, no dejes que tu hijo sea apacentador de asnos, ni conductor de camellos, ni buhonero, ni pastor, porque son oficios de ladrones. Muchos fariseos aconsejaban que no se comprase leche ni lana a los pastores, porque había gran probabilidad de que fuera robada. Los tribunales no aceptaban a un pastor como testigo válido en un juicio (Martín, 1986, pág. 127). 



Cuando profundizamos en el texto de Lucas encontramos que la buena noticia del nacimiento de Jesús es para estos pastores repudiados, mal vistos, excluidos, de mala fama. Entonces el evento nos muestra el gran amor de Dios, es a estos, a los que nadie quiere, a los corrompidos, a los repudiados, a los solitarios, a los que aún los líderes espirituales ven con malos ojos; son a ellos a quienes se les da la buena noticia, la divinidad envía sus mensajeros, los ángeles. A ellos, a los pecadores es la buena noticia de que Jesús vive, ha nacido para traernos esperanza, salvación. Por ello el vs 11 afirma que nos ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.


Invitando a los ilustres, intelectuales, Ricos y Poderosos.
El evangelio de Mateo nos presenta otro evento interesante. El capítulo 2 inicia diciendo que cuando Jesús nació en Belén vinieron unos magos de oriente a Jerusalén (2,1). El vs.2 nos dice que ellos han visto su estrella y vienen a adorarle. Tenemos una idea de que estos hombres eran reyes y magos, astrólogos. Profundizando un poco más existe algo muy interesante la palabra griega magoi, que traduce magos, no se refiere a magia, como tal vez hoy suponemos. Esta palabra viene de raíces cananeas (mag), de donde sale el vocablo griego (megas), el latino (Magnus), el sánscrito  (maha), el persa (magh), y que en todos los casos significa grande, ilustre. Por lo tanto es claro que la invitación de Dios es también para los ilustres, grandes, es decir los ricos y poderosos. De igual manera, eran conocidos los magoi persas, esta era una casta sacerdotal, instruida, muy respetada que se ocupaba de las ciencias naturales, la medicina y la astrología (Martín, 1986, pág. 148). Dios no los excluye, a ellos los invitó también, hubo una señal en el cielo, la estrella. El versículo 11 nos muestra que estos hombres grandes e ilustres se postraron ante el hijo de Dios. Entonces para los ricos e intelectuales, para los sabios del mundo también hay esperanza, él es el Rey, el único y verdadero, no las riquezas, tampoco el actual sistema económico, que muchos economistas consideran como el verdadero salvador de la sociedad mundial.



Dios invita al nacimiento de su hijo a Ricos y Pobres, sabios e ignorantes, los dos sectores marcados de la sociedad, Dios no excluye. Los pobres, los miserables, los ladrones, las prostitutas, los ricos, poderosos, intelectuales e ignorantes, hombres de gran nombre, líderes religiosos, todos, sin excepción, necesitamos de Jesús.  Dios no excluye al Rico, por el contrario, los invita a entender que su adoración no está en sus riquezas sino en Jesús, a él hay que adorar, comprender su mensaje se hace necesario, mucha gente acaudalada en el mundo necesita de Jesús, de una palabra,  comprende que el dinero no llena su vacío. Si la vida te bendijo con riquezas, buena posición, no es para jactarte de ello, sino para ayudar a aquel que lo necesita. Entonces comprenderás el verdadero amor que expresa Jesús cuando nos señala que hay que amar a nuestro prójimo, como a nosotros mismos.  El evangelio no es excluyente, es inclusivo es la propuesta de Jesús al mundo, a su iglesia.

Son muchas personas en el mundo que necesitan a Jesús como regalo. El significado del nacimiento de Jesús está más allá de la barbarie comercial que hoy vemos en navidad, empresas peleando el mercado, al consumidor, y los consumidores peleando por el producto.

¿Es Jesús un regalo para tu vida? compártelo con el Rico y el pobre, con el excluido, con aquel de mala reputación para que Jesús crezca en sus corazones. Lucha sus luchas, siente su dolor, vive ayudando a tu prójimo, no hablando pestes, ni necedades de él. El mundo necesita escuchar el verdadero mensaje de la navidad, es un mensaje universal de inclusión a la buena noticia, Jesús vive. Todos alguna vez estuvimos destituidos de la gracia de Dios y  nos compartió de su hijo y ahora Él vive en cada uno de nosotros.    

Compartamos en estas festividades de navidad y fin de año la buena noticia de Jesús. No olvidemos que toda nuestra existencia debemos recordar que Jesús es un regalo para todos y todas, que al compartir con nuestras familias, vecinos, compañeros de trabajo y amistades hablémosle del más grande, de Jesús, muchos necesitan este hermoso regalo, el mejor de la vida.     

Bibliografía

Brown, R. E., Fitzmyer, J. A., & E., M. R. (1971). Comentario Bíblico "San Jerónimo" (Vol. III). Madrid: Ediciones Cristiandad.

Martín, J. L. (1986). Vida y ministerio de Jesús de Nazaret I Los comienzos (Segunda ed., Vol. I). Salamanca: Ediciones Sígueme.

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