lunes, 29 de diciembre de 2014

LA EDUCACIÓN COLOMBIANA: REFLEXIÓN Y RESILIENCIA


Hary Cantillo
Teólogo
En un contexto de pobreza como el de América Latina, en la que se pretende que existan mejores condiciones de vida pero donde los gobiernos gastan grandes sumas de dinero en armas, descuidando la inversión social y la educación. Es precisamente esta última (la educación), la que garantiza mejores condiciones de vida, un salto de estado de guerra a paz. Sin embargo, también se sabe que las élites no les conviene tener un pueblo educado, pues la educación es motor de transformación social, las élites pretenden siempre tener un pueblo ignorante que sea estimulado por todos los sofismas que el consumismo le otorga a las masas, todo para mantener adormecida la conciencia del pueblo y el carácter liberador de las masas sea interrumpida.

En Colombia la educación se encuentra en una angustiosa crisis, por un lado está la alta deserción escolar que hoy tiene nuestro país, por el otro lado la falta de una mayor inversión para educación de calidad y que no sea excluyente. Sin embargo, una de las mayores falencias está en la capacidad que tiene las instituciones educativas para desarrollar en los estudiantes procesos de resiliencia en medio de nuestro contexto de violencia y desarrollar procesos de “concientización”, tal como lo definiría el gran pedagogo brasilero Paulo Freire, un proceso que los haga reflexionar sobre su contexto, su realidad pero a su vez sean estimulados a originar una praxis liberadora, una verdadera transformación social. A pesar que son muchas las problemáticas expuestas nos detendremos a analizar el proceso de concientización y resiliencia dentro de la educación colombiana.

Violencia, Educación y Resiliencia
Nuestro país ha vivido en una violencia permanente por más de 50 años, este escenario ha llevado a cuestionar el papel de la educación en Colombia, es necesario este cuestionamiento teniendo en cuenta que la educación es el único medio contra la esclavitud, contra la violencia, tal como lo definiría José Martí, un tipo de esclavitud ideológica que nos ha llevado a considerar que lo nuestro no funciona igual que lo extranjero y que nuestras ideas no están al nivel de aquellas que se pasean en las más altas esferas del conocimiento europeo y norteamericano, es decir nos encontramos ante una colonización del conocimiento. Orlando Fals Borda, padre de la sociología en Colombia, apunta a  criticar el colonialismo intelectual que existe y buscó una ciencia propia, una metodología “criolla”, que diera cuenta de  nuestros propios problema, la IAP (investigación acción participativa), para Fals Borda ser neutral en una investigación social es una necedad que muchos se han creído, precisamente por el colonialismo intelectual que hemos considerado como cierto. (Cataño, Restrepo, Bonilla, & Vizcaino, 1987, pág. 17).

En nuestro país la violencia se gesta precisamente por falta de oportunidades laborales, de preparación académica por falta de justicia social, pues el actual modelo económico tiene por filosofía y práctica metodológica convertir al rico más rico y al pobre más pobre, y eso es un atentado contra los derechos de cada ser humano, ante un escenario como este la violencia se hace evidente, pues cada uno buscará por su propio medio salir del contexto donde crece y se desenvuelve sin herramientas de convivencia y paz. Es la ley del más fuerte, del ojo por ojo.

La educación debe apuntar a la libertad de la conciencia, a desarrollar en los estudiantes procesos de reflexión, como lo diría Paulo Freire, interesante postura en un contexto como hoy donde la conciencia crítica, el pensamiento crítico tal como lo expone Enrique Dussel está en crisis. Un proceso en el que medite sobre su contexto, sobre su realidad y lo estimule a elaborar propuestas de transformación social. La educación debe desembocar en ser transformadora de realidades adversas a la justicia social, debe ser popular, no excluyente, buena calidad en la educación para ricos y pobres, garantizaría mejores condiciones de vida para todos y todas, como diría José Martí “Educación popular no quiere decir exclusivamente educación de la clase pobre; sino que todas las clases de la nación, que es lo mismo que el pueblo, sean bien educadas. Así como no hay ninguna razón para que el rico se eduque, y el pobre no, ¿qué razón hay para que se eduque el pobre, y no el rico? Todos son iguales (Martí, 1975, págs. 375-376).

Cuando analizamos la educación secundaria en Colombia, por ejemplo,  nos encontramos ante el desconcierto que los procesos pedagógicos en las instituciones no van dirigidos hacia el conocimiento de nuestra realidad alienadora sino por el contrario a justificar los procesos que existen. La educación pública de primaria y secundaria es elaborada en las faldas del gobierno, por lo tanto, dentro de sus lineamientos curriculares no encontraremos directrices que apunten hacia una crítica de él. Debemos desarrollar entonces una pedagogía alternativa que promueva otra forma de educar al ser humano, a su vez estimula al educador a ser libre dentro de su proceso de alfabetización de las masas.  Otro aspecto es que la educación superior está dirigida, orientada a que las personas entren en la dinámica de consumo y que carreras que hacen parte de las humanidades, que históricamente han sido críticas con las estructuras alienantes terminen relegadas por carreras de moda, que dan mejores garantías económicas para aquellos que las estudian. Entonces nos encontramos ante una gran problemática porque la Academia, la universidad, es seducida por el actual modelo económico neoliberal y por todas las estructuras que llevan a este modelo al ruedo. La academia termina siendo parte del juego e instrumento de alienación en masa, permitiendo lo que Freire llama una conciencia transitivo- ingenua. A las élites no les conviene precisamente que se den estos espacios donde los estudiantes puedan reflexionar sobre su triste entorno y puedan determinar el camino a seguir, pues son los estudiantes los sujetos y protagonistas de su propia transformación social.  

La educación en nuestro país está sujeta también al olvido del estado, un olvido que se hace vigente en los contextos de violencia. Lastimosamente se encuentran pocas instituciones que desarrollen en contextos de mucha violencia procesos de resiliencia con los estudiantes. Entiéndase resiliencia en educación como la capacidad de resistir, es el ejercicio de la fortaleza, como la entienden los franceses: “courage” para afrontar todos los avatares de la vida personal, familiar, profesional y social y poder superarlos y aprender de ellos.
La educación en Colombia se centra más en que el estudiante reciba conocimientos, los exprese posteriormente y ante dificultades académicas o convivenciales procuramos otorgarle “ayudas” para su mejoramiento, ayudas que por lo regular no tienen en cuenta su realidad, la  causa que lleva al estudiante a tener estas dificultades. No se está analizando la vida de ese estudiante pluriverso, multidimensional, a pesar que todos hablan de inteligencias múltiples, tal como lo señalaría Howard Gardner hoy se sigue dando énfasis a la transmisión y divulgación del conocimiento por los métodos escolásticos tradicionales. En ese orden de ideas es necesario escuchar al estudiante, entenderlo, comprenderlo como sujeto, diverso y no como objeto, es entender al prójimo de corazón.

El docente debe dejar de creerse el amo  y señor de su salón de clases esto genera violencia, el respeto es crucial (Freire, 2004), debe convertirse en un ente solucionador de escenarios de conflicto, en un oidor del estudiante, pero también en un verdadero líder que tenga la capacidad de ver en cada uno de ellos sus habilidades, prestas al desarrollo personal, social e institucional. En toda institución educativa el profesor tiene una función de guía, mediador y facilitador de aprendizajes significativos. La resiliencia está en relación directa con los ambientes de aprendizaje y cómo afectan a su desarrollo. Si el profesor genera un ambiente de aprendizaje amable y agradable con tono humano, logrará que los estudiantes estén motivados y puedan ver en su quehacer diario una realización personal. El humor, la fantasía, el afecto, la aceptación de sí mismo, la ilusión, la alegría, el amor, la generosidad, el optimismo realista, la esperanza, son destrezas que pueden ser enseñadas, aprendidas y desarrolladas.

Conclusión
La educación en Colombia está en crisis, es evidente; sin embargo el cambio no podrá esperarse de manos del gobierno, como tenemos por costumbre y mucho menos de uno que está a merced del fondo monetario internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), garantes y pedagogos del actual modelo económico neoliberal, no podemos quedarnos con los brazos cruzados, está en cada uno de los docentes, directivos de las instituciones educativas considerar que el cambio está en sus manos, elaborar proyectos educativos que apunten a sus contextos, a mejorarlos, es un paso importante al cambio, dejar por un lado la pereza mental de copiar y pegar proyectos educativos y desarrollar los propios desde el respeto al contexto en que se desenvuelven cada una de las instituciones educativas es un salto a las iniciativas de transformación social, pilar fundamental de la educación.

La educación en nuestro país debe ser bandera del gobierno, por lo tanto la inversión para educación debe ser mucho más elevada que la de las fuerzas militares. La paz no viene por la guerra sino cuando se tiene un pueblo verdaderamente educado que conoce su contexto y es capaz de salir adelante en medio de las crisis a través de la ciencia y el conocimiento. La guerra es un gran negocio, la educación no lo es para los gobiernos, en esa dinámica dialéctica se hace necesario desarrollar procesos de tertulia, discusión, reflexión entre nuestros estudiantes, en medio de nuestras instituciones, la ejecución de foros, congresos, talleres, apuntando al desarrollo del pensamiento crítico en ellos se hace pertinente en un contexto de violencia y marginación. Recordemos las palabras de José Martí “Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás (Martí, 1975), es la vida somos formadores y transformadores de nuestro presente.


Bibliografía

Cataño, G., Restrepo, G., Bonilla, E., & Vizcaino, M. (1987). Ciencia y Compromiso: En torno a la obra de Orlando Fals Borda. Bogotá: Producciones editoriales ltda.
Dussel, E. (1994). Historia de la filosofía latinoamericana y filosofía de la liberación. Bogotá: Editorial Nueva América.
Freire, P. (2004). Pedagogía da autonomia. Sao Paulo: Paz e Terra S.A.
Freire, P. (2012). Pedagogía de la indignación: cartas pedagógicas en un mundo revuelto. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.
Martí, J. (1975). Obras Completas (Vol. XIX). La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.

Muñoz, V. et al. (2005). Educar para la resiliencia. Revista Complutense de Educación, 16(1), 107-124.

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