Hary
Cantillo
Teólogo.
Estamos viviendo en un
mundo difícil, la violencia está por las nubes, la destrucción de los
ecosistemas está disparado, la delincuencia ni se diga, en cualquier de las
grandes metrópolis del mundo la violencia y delincuencia alcanza niveles inimaginables. La pobreza es supremamente elevada a nivel
mundial, la desigualdad es evidente, el desplazamiento forzado por violencia y
hambre se da en la gran mayoría de los países que existen, en pocas palabras,
vivimos en un escenario complicado. Lo triste es que todos somos conscientes de
la realidad pero no hacemos nada para mejorar, para cambiar, para transformar
la sociedad. Las noticias nos saturan de reportajes crueles, inhumanos, los
seres humanos no se tratan como tales, en pocas palabras estamos deshumanizando
a la humanidad, puede sonar triste pero es lo evidente. De alguna forma todos
participamos de este desastre, precisamente porque todos vivimos en este
planeta hermoso, aún, llamado tierra, así que todos somos conscientes de lo que
acontece, toleramos lo cruel, ya no nos inmuta tanta violencia en el mundo.
En lo que respecta a lo
económico, vivimos atropellándonos en aras de proporcionarnos de aquello que
según el mercado “nos da felicidad”, nos hemos vuelto números en la gran cadena
de producción mundial. Estamos dejando de ser humanos para ser convertidos por
el mercado en máquinas de consumo y producción, la hermosura de la vida cada
día se distorsiona, llegando al límite de pensar que sólo en las posesiones
está la síntesis de la vida. Hoy vivimos un mundo dominado por el Capital, las
grandes multinacionales atropellan con su filosofía de producción, donde el
empleado produce más de lo que gana, así que la balanza siempre se inclina
desfavorable para el trabajador, no hay control del Estado ante eso, filosofía
y ejecución del modelo neoliberal. Esta desigualdad lleva a que la pobreza cada
día sea más evidente, pues a mayor riqueza de aquellos que tienen el capital
mayor pobreza, tristemente el poco dinero que tiene el ciudadano común es
absorbido por las diferentes técnicas de captación del modelo económico, que
cada día presenta a la humanidad mayores necesidades que requieren uso del
capital, de la moneda, así que el dinero siempre tendrá un destino, las manos
de los poderosos.
La pobreza es el
resultado de la injusticia social, una sociedad egoísta que no comprende que
somos parte de un todo y no el todo, el
centro (posición egocentrista del ser humano). Las riquezas van a manos de un
pequeño grupo selecto, mientras que una gran parte de la población muere de
hambre y sed. Este egoísmo humano lleva a la corrupción, a ella no le importa
el bienestar del otro. Las condiciones de trabajo digno, menguan. Esto origina
grandes grupos de pobreza, que suelen habitar en las periferias de las grandes
ciudades. La falta de empleo es motivo de la delincuencia, pues las condiciones
para acceder a la educación se hacen menos favorables para quienes tienen que
trabajar desde niños, para llevar sustento a los hogares. Muchos de estos niños
terminan en pandillas, donde ven que pueden obtener mejores ganancias en el
mundo de la delincuencia.
Jesús
y su prójimo
Jesús nace en
Palestina, su niñez la vive en Nazareth, un lugar bastante pobre, no se tenía
en cuenta. Flavio Josefo no da referencia del lugar cuando cita a 45 pueblos en
Galilea, tampoco aparece en el Talmud, que menciona 65 poblaciones (Pagola, 2007) . Sus amiguitos eran muy pobres, muchos de
ellos murieron niños, algo muy triste para él, lo experimentó, vivió el sufrimiento
de muchos. Jesús experimenta de niño el dolor de la madre que ve a su hijo
morir de hambre o de alguna enfermedad imposible de tratar porque los médicos
son muy costosos.
Jesús nace en un
contexto opresivo, Roma dominaba Palestina en el siglo I d.c Palestina atravesaba por una gran crisis
económica, y era muy común las migraciones en busca de trabajo y Nazareth era
muy pequeña, había que salir a buscar el sustento (Lockmann, 1990, pág. 30) . Encontramos dos ciudades
a las que muchos constructores (Tekton) como el padre de Jesús, José, iban a
trabajar. Estas ciudades eran Séforis y Tiberíades, dos ciudades importantes y
donde vivía la elite. Así que Jesús empieza a observar una marcada desigualdad,
por un lado los que tenían mucho y
vivían en casas lujosas viviendo del trabajo de la gran mayoría de la
población que eran pobres, los cuales tenían que vivir en condiciones
precarias, inhumanas e injustas. Eso ve Jesús, así que encontramos a un Jesús
preocupado por la gente, por los pobres. Son ellos los que están cercanos a
Dios, su actuar gira en torno a ellos. Jesús también observa la crueldad de
Roma, su pax romana, principio impuesto por Augusto, una extraña paz y
seguridad que permanecía por la violencia con la que Roma trataba a sus
enemigos, Para Plutarco y Tácito esta paz romana estaba llena de “Sangre y Cadaveres” (Klaus, 1.991, pág. 20) . Otro aspecto que observa Jesús es la forma tan
deshumanizante en la que son tratados los enfermos, olvidados y apartados por
una sociedad que veía cualquier enfermedad de la piel como lepra, como castigo
del creador, lo que lo hacía ceremonialmente impuro, es decir, retirado de lo
sagrado, de Dios mismo. Jesús se da cuenta de la forma tan deshumanizante con
la que se es tratada la mujer. Esto es lo que observó Jesús en su contexto. Todo lo anterior lleva a comprender las
palabras pronunciadas por Jesús en medio de su predicación, de su ministerio
itinerante “Ama a tu prójimo como a ti mismo (Marcos 12,31; Lucas 10,27; Mateo
19,19)”, es un grito desgarrador de Dios hacia los hombres y mujeres de su
época, es el deseo del Creador de que cada ser humano entendiera que no es el
centro de la creación, es una parte del todo y que por lo tanto de su respeto,
de su amor al prójimo dependerá su existencia.
¿Quién
es mi prójimo?
Para Jesús es claro que
el prójimo es todo aquel que no soy yo y sobre esa dimensión lo ayudo, siento
compasión de él, no tengo en cuenta su condición social, raza, religión o sexo
(Lucas 10,25-37). Veo en el prójimo la manifestación visible de Dios, su obra
perfecta. Jesús empieza a enseñar esto a sus discípulos a recrear en ellos la
antigua alianza, donde todos eran iguales entre sí y donde las pirámides
sociales no existían. Ente ellos no debe recrearse el modelo social imperante,
piramidal, jamás. De hecho el mayor no es el que le sirven, sino el que sirve, todo
un mensaje revolucionario para su época. El maestro enseña con el ejemplo,
Jesús lo hizo, recuerden la mujer que estuvo a punto de ser apedreada, una ley
sentenciaba su ejecución, pero Jesús coloca por delante la ley superior, la
mayor de todas, el amor. Así que sus palabras “Ama a tu prójimo como a ti
mismo”, no es solo una expresión de un hombre amoroso simplemente, sino alguien
que comprende que este principio va en contra de todo el orden social,
económico y político, orden por cierto tiránico, excluyente, pues solo piensa
desde la individualidad y no desde la colectividad. Para Jesús este mensaje
corto pero que dice mucho es una invitación a comprender el Reino de Dios, es
decir comprender que la justicia, la igualdad, el amor, el respeto, la tolerancia,
son principios del reino, “Yo deseo que tengan vida y la tengan en abundancia
(Juan 10,10)”.
Un
grito, una invitación a reflexionar
En la actualidad el
mensaje de Jesús pasa por alto en muchas comunidades de fe, las cuales se han
convertido en cueva de ladrones, negociando la fe, aprovechándose del dolor del
creyente, del sufrimiento de aquellos que consideran que en Dios encontrarán
descanso. Pastores sin escrúpulos que aprovechan su condición para insertarles
en las mentes de los fieles que a Dios se le compra con dinero. El
neoliberalismo tocó las iglesias, las corrompió, el individualismo queda reflejado
cuando me congrego pero no conozco a mi hermano que se sienta a mi lado, no
conozco su nombre. Sólo me interesa mi salvación, mi encuentro con Dios, algo
personal, nada comunitario como lo vemos reflejado en el ejemplo de unidad en
el que vivían los discípulos de Jesús. El Pastor es al que le sirven y ya no
está para servir, es una figura que está por encima de la grey. Ama a tu
prójimo como a ti mismo es la invitación de Jesús para volver a las raíces del
cristianismo. Ama a tu prójimo como a ti mismo es la invitación de un hombre humilde
del siglo I d.c. que hoy grita el mensaje de unidad, de amor entre todos los
seres humanos. En medio del dolor humano, de la desigualdad, del desplazamiento
por la violencia, en medio del hambre y sed de justicia en una sociedad que se
deteriora por la falta de valores, que se hunde en medio del orgullo
tecnológico, de su economía “blindada” salvadora. Jesús nos invita a reflexionar,
a comprender que debemos amarnos, que debemos valorarnos, reflexionar sobre
nuestro verdadero papel en el universo, dejar de ser instrumentos, máquinas de
producción, dejar de entrar en la dinámica consumista que vuelve esclavos a las
personas. Amar al prójimo es comprender que mi prójimo no solo es humano, sino
también universal, mi prójimo también es todo lo creado, la tierra, el agua, la
selva, los animales, todo cuanto existe, que comparte este planeta, todos somos
uno en Cristo. En esa comprensión dejo de creer ser el rey del universo y
empiezo a comprender que soy parte del cosmos, de ese universo inmenso,
complejo, fantástico.
Jesús nos invita a la
reflexión a empoderarnos de nuestro compromiso como cristiano en este mundo tan
caótico. Jesús no habla, nos sigue gritando: “Ama a tu prójimo como a ti
mismo”.
Bibliografía
Dominic, J. C. (1994). Jesús: Vida de un campesino
judío. . Barcelona: Crítica.
Klaus, W. (1.991). Pax
Romana. Pretensao e realidade. Sao Paulo: Ediciones Paulinas.
Lockmann, P. (1990). Do
Egito chamei meu filho (Mt 2,13-23). Estudos Bíblicos(26), 28-33.
Martín, J. L. (1986). Vida y ministerio de Jesús de Nazaret I Los
comienzos (Segunda ed., Vol. I). Salamanca: Ediciones Sígueme.
Pagola, J. A. (2007). Jesús,
aproximación historica . Madrid: PPC, Editorial y Distribuidora S.A.
Theissen, G. (2005). El
movimiento de Jesús. Salamanca: Ediciones Sigueme.