sábado, 1 de febrero de 2014

COLONIALISMO-DESCOLONIALISMO

Por: Hary Cantillo P.
Teólogo

Hoy vivimos un mundo globalizado en el que nada se siente lejos, todos estamos a un click de distancia. Vemos como la tecnología se ha encargado de cercar al ser humano, la rapidez en la que viaja la información de un lado a otro es impresionante. Sin embargo, la globalización encierra más que lo tecnológico (que muchos investigadores consideran como sofismas de distracción), que la capacidad que tenemos hoy los seres humanos de enterarnos de cosas que están ocurriendo en lugares lejanos. Hoy el mundo esta globalizado, existiendo un contundente intento de que exista un idioma global, una moneda global, un sistema económico global (neoliberalismo). Es decir existe un interés de una ideología dominante e históricamente el más fuerte domina sobre el más débil.

Históricamente cuando una nación poderosa llegaba a tierras nuevas se realizaba un ejercicio de conquista y colonización. Esta se hacía primeramente colocando las tierras conquistadas a nombre del país o imperio que llegó, posteriormente ocurre una transformación del componente ideológico en la que el dominante ve con ojos de arrogancia el componente cultural y religioso del conquistado. Además hay cambios económicos, políticos y de lenguaje. Terminamos viendo que el conquistado termina pareciéndose al conquistador. Eso es una evidencia histórica, lo experimentó la América insular y continental. Colonización también se entiende como un conjunto de cargas políticas y morales. Asimétricas para muchos en lo que respecta en lo social (injusticias), abusos inhumanos e imperativos morales como diría J. Jorge Klor de Alva, que exigen actos de resistencia, demandas de justicia y luchas por la liberación (Klor, 2010).  


Colonialismo moderno: Colonialismo y Colonialidad
Algunos investigadores han hecho una distinción entre colonialismo y colonialidad. Se entiende el colonialismo como el proceso donde se utiliza el poderío político y militar que se despliegan para dominar, garantizando la explotación del trabajo y las riquezas de las colonias para beneficio del colonizador. La colonialidad se entiende como todo un fenómeno histórico que se extiende hasta hoy. Se refiere a un patrón de poder que opera a través de la naturalización de jerarquías territoriales, transnacionales, raciales, culturales y epistémicas, lo cual posibilita la re-producción de relaciones de dominación. Esto garantiza, posibilita la explotación de una mayoría de seres humanos por otro minoritario dueño de la riqueza, también la obliteración y subalternización de los conocimientos, experiencias y formas de vida de quienes son dominados y explotados (Restrepo & Rojas, 2010).

Los países poderosos han comenzado a hacer este ejercicio colonialismo moderno (nombre que daremos al concepto que encierra las dos facetas descritas: colonialismo y colonialidad) efectivamente. Encontramos dominantes y dominados, opresores y oprimidos. El actual modelo económico, neoliberalismo, se ha propagado a lo largo del mundo. Una economía opresiva, que abre cada día mas la brecha entre ricos y pobres, en los que el ser humano solo es visto como  un número más en la cadena de producción y donde el consumismo ha llegado a límites exagerados y encontramos familias destrozadas por causa del endeudamiento. Vemos sueños, metas frustradas que llevan a muchos al suicidio.

De hecho muchos investigadores del colonialismo moderno consideran que la lógica de la opresión reinante produce el descontento, la desconfianza de entre aquellos que reaccionan contra la violencia imperial. Los países dominantes recurren a mecanismos para dejar por sentado que quienes no hacen parte del nuevo cambio “globalizado”, son enemigos del sistema. Por lo tanto surge un lenguaje guerrerista, todo aquello que no entre dentro de la dinámica globalizada es “terrorista”, enemigo de la democracia.

Así que a la final todos estamos dentro de una gran cárcel azul, llamada tierra, como autómatas nos dejamos imponer un modelo económico, una moneda, un lenguaje imperante y costumbres que no hacen parte de nuestras culturas. Estamos presos de las pretensiones del mercado, no libres. Precisamente el colonialismo moderno pretende que todos pensemos que vivimos en países democráticos, en estados de derecho pero realmente vivimos cada día alejándonos de nuestras propias raíces. La arrogancia europea y del norte de América observa nuestra cultura con desprecio. Nuestra forma de pensamiento es visto no con buenos ojos, pues aún conservamos, por imposición, pensamientos europeos, filosofías europeas. Para Europa el pensamiento filosófico latinoamericano carece de importancia. Aún nuestros modelos pedagógicos son fieles copias europeas, que apuntan a moldear a las futuras generaciones de manera global en una dinámica de “competencias”, que es la antesala a todo proceso guerrerista y en una determinante necesidad de conquistar el mundo, de “enfrentar al mundo”, entendiendo esto último como la manera en la que las futuras generaciones se acoplarán satisfactoriamente, sin ápice de duda ni levantamiento al actual colonialismo moderno.

Curiosamente el colonialismo moderno ve a la pobreza como un problema ajeno al sistema imperante, no es consecuencia misma de esta nueva forma de colonización. Es una paradoja entender como se le pide a las grandes potencias que inviertan un poco de su producto interno bruto (PIB) en mejorar las condiciones de aquellos que viven por debajo de la línea de la pobreza, cuando ellos mismos son practicante e impulsores del actual modelo económico neoliberal, que como ya hemos dicho destruye la vida, la felicidad, y abre la brecha entre ricos y pobres. Precisamente el neoliberalismo promueve la violencia, el mercado debe tomarse a como de lugar sin piedad, sin importar la dignidad del ser humano. De hecho Maucher, presidente de la multinacional suiza Nestlé, afirmó en 1.991 que quería ejecutivos con instinto asesino, y voluntad de lucha (Hinkelammert, 2003).  En este mismo sentido encontramos los dictámenes del Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), y la Organización Mundial de Comercio (OMC), quienes manipulan a los países en vía de desarrollo y los hacen caer en sus redes, extrayendo de ellos sus riquezas, haciéndolos caer en el juego neoliberal.


Hacia un despertar, una des-colonialidad se hace necesaria.
Es necesario despertar, que exista un desarrollo de un pensamiento des-colonial, un pensamiento que nos haga ver que nuestras formas de pensamiento son genuinas, propias, extraídas de nuestro contexto, que lo cultural no es vago, ha sido la herencia histórica de nuestros antepasados. Así que podemos definir este pensamiento como aquel que se desprende y se abre a entender las diferencias, el mundo y su diversidad a esta que tradicionalmente ha sido vista como una cultura de bárbaros, primitivos, indios, místicos, categorizada de esta forma por la racionalidad moderna europea. Todo esto debe llevar a un cambio de paradigmas, a un giro epistemológico. Este giro es “la apertura y la libertad del pensamiento y de formas de vida (cambios en lo económico y político), la limpieza de la colonialidad del ser y del saber. Por otra parte este pensamiento descolonial también debe proponer otra forma de ver al sujeto, de hecho recuperarlo. En las actuales sociedades modernas el ser humano no es visto como sujeto, sino como objeto experimental del mercado y sus políticas, por cierto inhumanas y crueles. 

Este pensamiento descolonial debe comenzar a ver este mundo ya no desde la universalidad sino desde la pluriversalidad. Debe desprendernos del encantamiento de la retórica de la modernidad, de su imaginario imperial articulado en la retorica de la democracia” Quijano citado en (Bonilla, 1992). Debe llevar a una descolonización epistemológica, a nuevas formas de comunicación inter-culturales, en donde el intercambio de experiencias de vida es crucial, nos permite dar nuevas significaciones a los fenómenos, a dar por sentado otra racionalidad, nuevas formas de pensamiento, nuevas verdades. Comprender que la paz no se consigue con un lenguaje guerrerista, opresivo, sino a través del diálogo y la implementación de políticas y economías justas. Implementar procesos de enseñanza en la academia que lleven a la reflexión de nuestra realidad y al desarrollo de propuestas liberadoras enmarcadas en el dialogo, en el respeto a la diversidad.

Bibliografía

Bonilla, H. (1992). Los conquistados. 1492 y la población indígena en las Américas. Ecuador: Tercer Mundo Editores.

Hinkelammert, F. (2003). La violencia sagrada del imperio: el asalto al poder mundial. Bogotá: Editorial Buena Semilla.

Klor, J. (2010). La poscolonización de la experiencia (latino) americana. En P. Sandoval (Ed.), Repensando la subalternidad. Miradas críticas desde/sobre América Látina. (Segunda Edición ed.). Popayán: Envión Editores.

Restrepo, E., & Rojas, A. (2010). Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.


LA RESURRECCIÓN DE CRISTO, EJEMPLO DE COHERENCIA CON EL MENSAJE DEL REINO “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá” (Juan 11.25)

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